Por Andrea Delfino.

Cuando conocí a Horacio se autodescribía como un empresario PyME y aunque el Grupo Datco crecía y crecía, él sostenía que el “espíritu PyME” se mantenía en la empresa. Hablamos de un señor que fue a comprar los muebles de una empresa que le habían comentado estaba en problemas financieros y salió comprando la compañía.

“Hacemos una vaquita entre unos amigos, renegociamos deuda y compramos”, dice como si fuera lo más simple del mundo. Corría julio de 2001, ya había explotado la burbuja de las “punto com”, pero aún no la mega crisis local. Se refería a la compra de la filial local de la estadounidense Winstar, su primer gran adquisición.

Ingeniero industrial, informático de carrera, inquieto emprendedor, siempre mira un poco más allá de la coyuntura y tienen la obsesión de seguir regularmente la información pública de los balances de los jugadores locales y globales de la industria. Siempre me gustó su forma llana de explicar los negocios, sin excentricidades ni vueltas innecesarias.

En las adquisiciones, en las que a diferencia de lo usual, los abogados quedaban relegados a un segundo plano, Horacio se basaba en su olfato y en algunos indicios “no tradicionales” para saber si la compañía que estaba por adquirir estaba fuera de control. Buscaba entre sus conocidos alguien que conociera a algún empleado raso con quien pudiera conversar, y dicen los que lo vieron, que pedía que le muestren el armario donde se guardaba el merchandising. Si no había sido saqueado, era buena señal.

Datco compró Silica Networks en 2004. su operación más grande, pero antes compró Via Networks y un poco después AOL Argentina. El raid siguió con Sersat y otras empresas. Capítulo aparte merece Velocom, la compañía de internet wireless que Horacio compró-vendió-le devolvieron. Se enorgullece de haber enderezado las compañías adquiridas con la gente que ya estaba y suele decir que eso se pudo hacer porque en empresas con negocios adyacentes el valor se construye por sinergias y crecimiento, en lugar de conseguir valor por despidos y achique de costos.

No siempre fueron buenas épocas…, de otro modo no estaríamos hablando de Argentina. Más de una vez tuvo que enfrentar la realidad de no poder pagar sueldos en tiempo y forma. Recuerdan los suyos que se plantó frente a los trabajadores, explicó la situación y diseñó con ellos un plan de resistencia hasta que pudieran salir adelante.

Hoy se convirtió, entre otras cosas, en el empresario que tiene 13.000 kilómetros de fibra tendida en el interior del país, que da conectividad a operadores, PyMEs y cooperativas, que se conecta por las suyas con 5 pasos cordilleranos a Chile y que desplegó la red Capricornio para conectar el norte argentino y salir a Brasil.

Cuando se le pregunta por la clave de la permanencia a lo largo del tiempo en un mercado tan competitivo como el de la tecnología, lo explica con su habitual simpleza y sentido común: “Ser buen tipo en los negocios no cambia. Preocuparse por los clientes no cambia.  Lo que cambia es qué se entrega, lo que se vende, es decir la tecnología que aparece. Nosotros cambiamos de anfibio a reptil, de reptil a mamífero y de mamífero a homo sapiens. En el término de 15, 20 años fuimos todo lo que había que ser”.

Sus dichos expresan también algo a primera vista llamativo en un personaje central del mundo tech: es un agnóstico de la tecnología. Eso quizá explica que Datco haya conquistado, en diferentes etapas de su trayectoria, el liderazgo en el mercado de productos y soluciones de IBM, HP, Microsoft, Oracle, SAP, Red Hat y sigue la lista. Para los que lo conocen, su célebre explicación de Tarzán y la lianas.

Cero “corporativo”, aunque haya salido de la escuela IBM, Horacio es un hombre de largas charlas, y muy cortas y secas si algo lo puso de mal humor. Es un tipo al que le gusta cultivar amistades en el marco de los negocios. Admirador de Tom Watson, el legendario líder de IBM durante la crisis de los años `30, sostiene la idea de que en las crisis hay que ajustarse pero evitar perder talento y en lo posible contratar a las personas brillantes que sus competidores desechan.

Pragmático como pocos, no abona a esta teoría por inclinación social o solidaridad, sino por pura lógica de negocios, que suele explicar contando la historia de Watson e IBM, o con analogías de las viejas películas de guerra, otro de sus favoritos. “¿Qué pasó con la mística de no abandonar al compañero herido?”, se preguntaba en la época de la post burbuja cada vez que las acciones de una compañía en la Bolsa de Valores subía cuando se reestructuraba y se desprendía de “su activo más importante”. Entonces, cuando las acciones de las empresas subían a medida que eliminaban puestos de trabajo, este empresario argentino se preguntaba “¿No suena a que las cosas están patas para arriba?”.

Fuente: TelcosMedia